I
Quien vive de ideas es tan dinámico como un parapléjico en estado criogénico.
II
Lo esencial es evidente a los ojos pero indeseado por el ego.
III
Los conceptos deben ser muletas en el mejor caso, no piernas.
IV
Podemos ignorar al elefante en la habitación o comenzar a darle abrazos, en todo caso nos va a recordar.
V
Cerré los ojos y no vi nada. Vaya sorpresa dicen los doctores que no saben que oí las trompetas superplanetarias.
VI
El único camino adecuado es el que yo decido caminar. El destino importa tanto como la hora en que se empiece. Un camino al infierno es un buen camino si es uno el que decide caminarlo.
VII
Antes que ser el mejor del mundo me gustaría ser mejor que mí mismo.
VIII
Estoy sinceramente agradecido con mi pareja, porque, además de todo lo que se da por sentado -el te quiero y yo también-, sabe llenar graciosamente de sonrisas y suspiros aquellos momentos en que, si el caso fuera diferente, me la pasaría pensando en la situación política nacional.
IX
El sonido del mar tiene un gran parecido con los carros que pasan de vez en cuando por mi casa.
X
Hace un tiempo conversaba con un amigo y le contaba cómo me parecía que en ciertos campos, o en todos, parecía que hubiera una salvaje lucha por sobresalir, la cual se libraba sobre una alta montaña de cadáveres generados por la premisa de "El fín justifica los medios". El dijo algo como: -Se debe sentir bien estar sobre todos los cadáveres, victorioso.
Yo me quedé callado y pensé que ese tipo de razonamiento era uno de los problemas centrales.
Ahora que lo pienso mejor, puedo imaginarme que erigirse sobre los cadáveres se debe sentir bastante solitario, mezclado con una sensación amarga de "¿Y ahora qué?".
[Por cierto, me disculpo con mis lectores imaginarios por la falta de escritos últimamente, me gustaría que fueran más, pero la cosa está berraca. Con los lectores de verdad no me disculpo porque no existen]
jueves, 12 de enero de 2012
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Vine a pasearlo con cordel por las calles.
A tirárselo en la cara a los transeúntes inocentes
y a inflarlo de helio y verlo elevarse,
esperando que más tarde caiga en la cena de un viejo sin dientes propios.
Me es imposible encontrarle otro uso,
de nada sirve el oro en una caja fuerte
más que para imaginarnos falsamente valiosos.
Vine a eso porque es tal vez lo único que pueda hacer -bien o mal, no lo sé-,
ofrecer mi corazón.
A tirárselo en la cara a los transeúntes inocentes
y a inflarlo de helio y verlo elevarse,
esperando que más tarde caiga en la cena de un viejo sin dientes propios.
Me es imposible encontrarle otro uso,
de nada sirve el oro en una caja fuerte
más que para imaginarnos falsamente valiosos.
Vine a eso porque es tal vez lo único que pueda hacer -bien o mal, no lo sé-,
ofrecer mi corazón.
Espejismo Plenario
Mi amor, cansado de ser ínfimo
decidió unirse a todos los amares,
a todas las carnes y lágrimas de cada callejón maloliente.
L quereres ser fueron juntando
a modo de rompecabezas
para ser piezas más grandes
que se unen a otras piezas más grandes
y así aplastar todo ápice de dolor y estupidez.
Mi vivir no es ser más que una ilusión formada por mi mente
que es incapaz de traducir el lenguaje incomprensible del infinito rompecabezas.
decidió unirse a todos los amares,
a todas las carnes y lágrimas de cada callejón maloliente.
L quereres ser fueron juntando
a modo de rompecabezas
para ser piezas más grandes
que se unen a otras piezas más grandes
y así aplastar todo ápice de dolor y estupidez.
Mi vivir no es ser más que una ilusión formada por mi mente
que es incapaz de traducir el lenguaje incomprensible del infinito rompecabezas.
domingo, 2 de octubre de 2011
Me la puede mamar en reversa
-¡HIJUEPUTAS RATAS DE CUELLO BLANCO!
Soñó un poco con una rata con camisa antes de darse cuenta que era un grito del mundo real. Se levantó y gritó: -¡Nunca dejás dormir en esta malparida casa, siempre con tus maricadas!
La voz en la distancia respondió: -¡Usted cállese pendejito!, el día que comience a aportar para lo del mercado va a tener voz en esta casa, pero hasta entonces me la puede mamar en reversa.
Se puso sus viejos zapatos y dejó la casa con un sonoro portazo y un escupitajo en el carro de su compañero de casa. Caminó un par de cuadras y llegó al parque, se acostó en el pasto y usó su saco de almohada, un par de segundos después estaba durmiendo de nuevo.
-¿Parcero, tiene una monedita que me regale?- dijo una voz inconfundible.
Trató de ignorar la petición y de hacer como si no se hubiera despertado. El dueño de la voz comenzó a moverlo suavemente.
-Hágale hermanito, hace dos días que no como y hace cuatro que no consumo nada que me enloquezca. La vida no está hecha para vivirla así.
-¿Entonces para qué está hecha la vida? Dígame y vamos y le gasto 3 empanadas ya- dijo el antes durmiente personaje.
-La vida está hecha para gastarle empanadas a los recicladores sin casa y con hambre. Camine, que si me gasta una gaseosa le escribo un poema.
-Listo, pero tiene que ser sobre mocos.
Fueron juntos un par de cuadras, el reciclador con su carretilla y el hombre con sus ganas de dormir. Se sentaron en unas sillas Rimax y doña Magola se les acercó.
-¿Qué querés Vicente?, ya me debés como 14 mil pesos en papas aborrajadas, me vas a quebrar si seguís así.
-Relájese cuchita, la otra semana me rotan una plata y fijo le pago, se lo prometo. Deme 3 empanaditas para el viejo Manolo y dos gaseosas, no me pregunte el sabor, lo que le guste más a usted.
Vicente se quedó un rato mirando a Manolo, apreciando su larga barba gris y sus dientes amarillos (que por cierto se veían con facilidad porque el hombre sonreía cada 30 segundos).
-Estoy más bonito que antes,¿cierto? Yo sé que te estoy gustando, vos me vas a conseguir casa y trabajo- dijo Manolo mientras cruzaba la pierda y guiñaba el ojo.
-Dejá la maricada… A lo que vinimos, escribíme una obra maestra pues.
El viejo cogió una servilleta del servilletero y después de probar 4 lapiceros diferentes que sacó de su bolsillo, encontró uno que funcionaba y empezó a escribir, a hacer tachones y caras con la lengua afuera. De vez en cuando hacía una pausa para tomar de su gaseosa o comer, lo que llevó a Vicente a pensar que no llevaba dos días sin comer. Minutos después le pegó una palmada a la mesa y lanzó la servilleta al otro lado de la mesa, donde estaba Vicente.
-Hice lo que pude, pero me la dejaste difícil con eso de los mocos.
-Ya te las he puesto peores, ¿o es que no te acordás de la vez de las torres gemelas? Casi me cago de la risa. Literalmente, llevaba días sin ir al baño. Bueno, vamos a ver.
Vicente cogió la servilleta, se paró en la silla y se aclaró la garganta:
Mocoloco en Mi mayor
Suave y vertiginoso
Duro y melcochoso
Compañero versátil
Muéstrame el camino de vuelta a mí mismo
O al menos, muéstrame que sientes
Y mañana vístete con un poco de sangre
Doña Magola ya estaba acostumbrada a los esporádicos recitales de la cochinada, y sólo agradecía que esta vez lo hubieran hecho cuando casi no había clientes.
-No es el mejor, pero es un respiro, especialmente cuando el idiota de Fernando no deja dormir. Siempre que le llega una nueva cuenta de cobro o un e-mail del banco tira un madrazo. Una espiroqueta total, tenés que mostrarme los mejores lugares para dormir, Manolito, ustedes los desecheibols tienen que saber de eso.
-Claro, cuando querás, pero por ahora me abro porque ando muy liviano y vos sabés que si no camello no me queda tiempo para venir a joderte- Se levantó, cogió su carretilla, y mientras andaba exlamó: -¡Nos pillamos loco, gracias por las empanadas!
Soñó un poco con una rata con camisa antes de darse cuenta que era un grito del mundo real. Se levantó y gritó: -¡Nunca dejás dormir en esta malparida casa, siempre con tus maricadas!
La voz en la distancia respondió: -¡Usted cállese pendejito!, el día que comience a aportar para lo del mercado va a tener voz en esta casa, pero hasta entonces me la puede mamar en reversa.
Se puso sus viejos zapatos y dejó la casa con un sonoro portazo y un escupitajo en el carro de su compañero de casa. Caminó un par de cuadras y llegó al parque, se acostó en el pasto y usó su saco de almohada, un par de segundos después estaba durmiendo de nuevo.
-¿Parcero, tiene una monedita que me regale?- dijo una voz inconfundible.
Trató de ignorar la petición y de hacer como si no se hubiera despertado. El dueño de la voz comenzó a moverlo suavemente.
-Hágale hermanito, hace dos días que no como y hace cuatro que no consumo nada que me enloquezca. La vida no está hecha para vivirla así.
-¿Entonces para qué está hecha la vida? Dígame y vamos y le gasto 3 empanadas ya- dijo el antes durmiente personaje.
-La vida está hecha para gastarle empanadas a los recicladores sin casa y con hambre. Camine, que si me gasta una gaseosa le escribo un poema.
-Listo, pero tiene que ser sobre mocos.
Fueron juntos un par de cuadras, el reciclador con su carretilla y el hombre con sus ganas de dormir. Se sentaron en unas sillas Rimax y doña Magola se les acercó.
-¿Qué querés Vicente?, ya me debés como 14 mil pesos en papas aborrajadas, me vas a quebrar si seguís así.
-Relájese cuchita, la otra semana me rotan una plata y fijo le pago, se lo prometo. Deme 3 empanaditas para el viejo Manolo y dos gaseosas, no me pregunte el sabor, lo que le guste más a usted.
Vicente se quedó un rato mirando a Manolo, apreciando su larga barba gris y sus dientes amarillos (que por cierto se veían con facilidad porque el hombre sonreía cada 30 segundos).
-Estoy más bonito que antes,¿cierto? Yo sé que te estoy gustando, vos me vas a conseguir casa y trabajo- dijo Manolo mientras cruzaba la pierda y guiñaba el ojo.
-Dejá la maricada… A lo que vinimos, escribíme una obra maestra pues.
El viejo cogió una servilleta del servilletero y después de probar 4 lapiceros diferentes que sacó de su bolsillo, encontró uno que funcionaba y empezó a escribir, a hacer tachones y caras con la lengua afuera. De vez en cuando hacía una pausa para tomar de su gaseosa o comer, lo que llevó a Vicente a pensar que no llevaba dos días sin comer. Minutos después le pegó una palmada a la mesa y lanzó la servilleta al otro lado de la mesa, donde estaba Vicente.
-Hice lo que pude, pero me la dejaste difícil con eso de los mocos.
-Ya te las he puesto peores, ¿o es que no te acordás de la vez de las torres gemelas? Casi me cago de la risa. Literalmente, llevaba días sin ir al baño. Bueno, vamos a ver.
Vicente cogió la servilleta, se paró en la silla y se aclaró la garganta:
Mocoloco en Mi mayor
Suave y vertiginoso
Duro y melcochoso
Compañero versátil
Muéstrame el camino de vuelta a mí mismo
O al menos, muéstrame que sientes
Y mañana vístete con un poco de sangre
Doña Magola ya estaba acostumbrada a los esporádicos recitales de la cochinada, y sólo agradecía que esta vez lo hubieran hecho cuando casi no había clientes.
-No es el mejor, pero es un respiro, especialmente cuando el idiota de Fernando no deja dormir. Siempre que le llega una nueva cuenta de cobro o un e-mail del banco tira un madrazo. Una espiroqueta total, tenés que mostrarme los mejores lugares para dormir, Manolito, ustedes los desecheibols tienen que saber de eso.
-Claro, cuando querás, pero por ahora me abro porque ando muy liviano y vos sabés que si no camello no me queda tiempo para venir a joderte- Se levantó, cogió su carretilla, y mientras andaba exlamó: -¡Nos pillamos loco, gracias por las empanadas!
viernes, 24 de junio de 2011
Asintota
Esa noche París me sabía a nostalgia, a libro mal traducido y bien pagado, o vice-versa. Por las calles había deambulado en búsqueda de nada, queriendo ser tragado por la ciudad del amor. Por cierto ¿A quién se lo ocurrió llamarla la ciudad del amor? Como si el amor no pudiera ser igual o mayor en cualquier ciudad.
Menos mal estaba en Londres y hacía frío.
Iba caminando tranquilamente, con la pipa en la boca mientras buscaba los cerillos, el frío me asaltaba las extremidades y la luna estaba ahí, sin hacer nada, como siempre. "Qué tontos son los poetas" pensaba, "escribiéndole poemas a un gran trozo de roca blanca, me pregunto qué habrá hecho ella por ellos para que estén todo el día tirando lágrimas y sonetos sobre lo supuestamente hermosa que es. Las estufas, las medias y los retretes, esas sí son cosas merecedoras de todos los poemas del mundo". Los encontré -los cerillos, para los que no pueden terminar un parrafo acordándose de cómo empezó- y encendí mi pipa. Acto seguido los volví a guardar.
Serían aproximadamente las tres de la mañana, y la calle estaba sola, lo único que quebraba el frágil silencio eran mis pasos y un borracho en la lejanía cantando canciones de pirata.
Me di a la tarea de pensar en qué iba a pensar hasta que llegara a mi casa, pero un movimiento en la distancia inyectó una cantidad razonable de adrenalina en mi ser. Hay que tener en cuenta que lo más razonable en ese lugar y a esa hora sería tenerle miedo a cualquier cosa que se mueva. Pudo haber sido un conejo o el hada de los dientes, y de igual forma mi reacción hubiera sido la misma.
La silueta con sombrero estaba caminando y paró tan pronto advirtió mi presencia. Mis acciones fueron un reflejo exacto de las de él, pero no por la bizarra intención de jugar todo el tiempo que me caracteriza, sino por algo innato, un instinto de supervivencia que tomó control de mi cuerpo.
Entonces di media vuelta, ya que mis ganas de vivir no se andan con disimulos ni rodeos, y comencé a caminar. Segundos después el sonido de pasos que no eran los míos supuso un incremento de velocidad en mi ritmo. Sé que es un paradigma, eso de comenzar a andar más y más rápido hasta llegar al punto de correr cuando se está siendo perseguido, pero no es un artificio para aumentar la tensión, no señor, lo que pasa es que uno siempre guarda la esperanza, hasta el último momento, de que el perseguidor no esté en realidad con la meta de darle alcance a uno. "O tal vez se canse, o tenga una pata de palo que le impida correr" reflexionaba yo de manera desesperada "A lo mejor tiene alto colesterol y le va a dar un infarto justo ahora".
Lamentablemente mis esperanzas se vieron resquebrajadas al notar que me estaba igualando en velocidad. No iba a poder por mucho más, mi estado físico era deplorable, quería parar y rogar por mi vida, o al menos morir con un poco de aire en mis pulmones que me permitiera gritar antes de que mis ojos perdieran brillo.
Tropecé, no con un escombro, ni con un agujero, tropecé con el mismo piso, mi pie no supo responder y me elevé. Mi vuelo fue corto, pero no por eso menos libre, vi todo con muchísimo detalle: el pavimento mojado, el pavimento mojado y el pavimento mojado. No había nada más. Y llegó el dolor, caí y me deslicé unos centimetros por el piso, me quedé un par de segundos con los ojos cerrados para asimilar el ardor, y luego vi mis manos rojas y goteando sangre.
La silueta ya estaba parada al lado mío, respirando de manera apresurada y transpirando generosamente. Había perdido sus cualidades de sombra, y pude distinguir sus rasgos: piel oscura, sin llegar a ser negra, pelo crespo y barba corta poblando toda su mandíbula. Sepa usted, que nadie me ha contratado para llevar a cabo esta tarea, es algo que sale completamente de mi buena voluntad y que, espero, usted sepa apreciar, dijo. ¿Quién es usted?, le inquirí casi gritando de la excitación. No sé, respondió, y sacó de su abrigo un cuchillo de proporciones magnas, brillante, reluciente y ávido de ser usado -supuse yo. Esperé lo peor, me arrepentí de mil cosas y cerré los ojos. Nada pasó. ¿Esto es suyo? Preguntó. N-n-no... respondí. Muy bien, entonces se lo regalo, tenga una buena noche. Acto seguido tiró el cuchillo al piso y se fue silbando As time goes by. Yo esperé hasta perderlo de vista para irme casi corriendo hasta mi casa.
Entré, colgué el abrigo junto con el sombrero y puse a calentar agua en la tetera. Estaba absolutamente perplejo, la naturaleza de lo que acababa de ocurrir se mantenía todavía inexplicada, y no daba signos de acercarse en lo más mínimo a algo infinitesimalmente comprensible. Bajo la premisa de "Pude haber muerto esta noche" pensé en muchas cosas mientras esperaba a que amaneciera. Después de un tiempo de preguntas existenciales y dudas teológicas, después de haber observado el cuchillo y habérmelo aprendido de memoria (El lector se preguntará "¿Qué hay para memorizar en un cuchillo?", y es una falla mía no haber mencionado antes que el cuchillo además de ser muy grande era verdaderamente hermoso, con grabados en latín en el mango de cedro)y después de darme cuenta que había dejado caer mi pipa me fui a dormir.
Menos mal estaba en Londres y hacía frío.
Iba caminando tranquilamente, con la pipa en la boca mientras buscaba los cerillos, el frío me asaltaba las extremidades y la luna estaba ahí, sin hacer nada, como siempre. "Qué tontos son los poetas" pensaba, "escribiéndole poemas a un gran trozo de roca blanca, me pregunto qué habrá hecho ella por ellos para que estén todo el día tirando lágrimas y sonetos sobre lo supuestamente hermosa que es. Las estufas, las medias y los retretes, esas sí son cosas merecedoras de todos los poemas del mundo". Los encontré -los cerillos, para los que no pueden terminar un parrafo acordándose de cómo empezó- y encendí mi pipa. Acto seguido los volví a guardar.
Serían aproximadamente las tres de la mañana, y la calle estaba sola, lo único que quebraba el frágil silencio eran mis pasos y un borracho en la lejanía cantando canciones de pirata.
Me di a la tarea de pensar en qué iba a pensar hasta que llegara a mi casa, pero un movimiento en la distancia inyectó una cantidad razonable de adrenalina en mi ser. Hay que tener en cuenta que lo más razonable en ese lugar y a esa hora sería tenerle miedo a cualquier cosa que se mueva. Pudo haber sido un conejo o el hada de los dientes, y de igual forma mi reacción hubiera sido la misma.
La silueta con sombrero estaba caminando y paró tan pronto advirtió mi presencia. Mis acciones fueron un reflejo exacto de las de él, pero no por la bizarra intención de jugar todo el tiempo que me caracteriza, sino por algo innato, un instinto de supervivencia que tomó control de mi cuerpo.
Entonces di media vuelta, ya que mis ganas de vivir no se andan con disimulos ni rodeos, y comencé a caminar. Segundos después el sonido de pasos que no eran los míos supuso un incremento de velocidad en mi ritmo. Sé que es un paradigma, eso de comenzar a andar más y más rápido hasta llegar al punto de correr cuando se está siendo perseguido, pero no es un artificio para aumentar la tensión, no señor, lo que pasa es que uno siempre guarda la esperanza, hasta el último momento, de que el perseguidor no esté en realidad con la meta de darle alcance a uno. "O tal vez se canse, o tenga una pata de palo que le impida correr" reflexionaba yo de manera desesperada "A lo mejor tiene alto colesterol y le va a dar un infarto justo ahora".
Lamentablemente mis esperanzas se vieron resquebrajadas al notar que me estaba igualando en velocidad. No iba a poder por mucho más, mi estado físico era deplorable, quería parar y rogar por mi vida, o al menos morir con un poco de aire en mis pulmones que me permitiera gritar antes de que mis ojos perdieran brillo.
Tropecé, no con un escombro, ni con un agujero, tropecé con el mismo piso, mi pie no supo responder y me elevé. Mi vuelo fue corto, pero no por eso menos libre, vi todo con muchísimo detalle: el pavimento mojado, el pavimento mojado y el pavimento mojado. No había nada más. Y llegó el dolor, caí y me deslicé unos centimetros por el piso, me quedé un par de segundos con los ojos cerrados para asimilar el ardor, y luego vi mis manos rojas y goteando sangre.
La silueta ya estaba parada al lado mío, respirando de manera apresurada y transpirando generosamente. Había perdido sus cualidades de sombra, y pude distinguir sus rasgos: piel oscura, sin llegar a ser negra, pelo crespo y barba corta poblando toda su mandíbula. Sepa usted, que nadie me ha contratado para llevar a cabo esta tarea, es algo que sale completamente de mi buena voluntad y que, espero, usted sepa apreciar, dijo. ¿Quién es usted?, le inquirí casi gritando de la excitación. No sé, respondió, y sacó de su abrigo un cuchillo de proporciones magnas, brillante, reluciente y ávido de ser usado -supuse yo. Esperé lo peor, me arrepentí de mil cosas y cerré los ojos. Nada pasó. ¿Esto es suyo? Preguntó. N-n-no... respondí. Muy bien, entonces se lo regalo, tenga una buena noche. Acto seguido tiró el cuchillo al piso y se fue silbando As time goes by. Yo esperé hasta perderlo de vista para irme casi corriendo hasta mi casa.
Entré, colgué el abrigo junto con el sombrero y puse a calentar agua en la tetera. Estaba absolutamente perplejo, la naturaleza de lo que acababa de ocurrir se mantenía todavía inexplicada, y no daba signos de acercarse en lo más mínimo a algo infinitesimalmente comprensible. Bajo la premisa de "Pude haber muerto esta noche" pensé en muchas cosas mientras esperaba a que amaneciera. Después de un tiempo de preguntas existenciales y dudas teológicas, después de haber observado el cuchillo y habérmelo aprendido de memoria (El lector se preguntará "¿Qué hay para memorizar en un cuchillo?", y es una falla mía no haber mencionado antes que el cuchillo además de ser muy grande era verdaderamente hermoso, con grabados en latín en el mango de cedro)y después de darme cuenta que había dejado caer mi pipa me fui a dormir.
sábado, 26 de febrero de 2011
Mr. Nobody

Mr. Nobody -o Señor Nadie, si así lo preferimos-, es una película, y esto lo puedo decir sin ningún miedo de equivocarme, majestuosa, hermosa e impactante. Les voy a ahorrar la furgoneta de adjetivos, continuemos.
En general el tema principal son los "¿Qué hubiera pasado si...?", toda la película se organiza alrededor de esta premisa y trata de responder tantas veces como los cánones de tiempo le permiten, por lo que se convierte en gran envase conteniendo varias historias y su bifurcaciones, que bien hubieran poder sido películas completamente separadas, pero que no hubieran logrado la sublimidad que tuvieron estando juntas.
La fotografía es absolutamente conmovedora, se ve que Jaco van Dormael puso cada cosa cuidadosamente en su lugar, no dejó nada al azar en esta película, que trata exactamente sobre el azar de la decisión.
Las actuaciones de Jared Leto son imperdibles -sí, son varias-, polifacética, cada rol es memorable, aunque sin lugar a dudas, su interpretación de el decacentenario con mente de niño es la que se lleva todas las luces.
También están esparcidas por la película, momentos que dan un paro y que informan sobre la teoría de cuerdas, el big bang y el conductivismo de Skinner. A pesar de sonar ajenos a la trama, su introducción es natural y encajan perfectamente.
La banda sonora es muy versátil, está Ella Fitzgerald, están The Inkspots, The Pixies, y hasta llega a sonar por ahí 99 luftballoons. Últimamente me enamoré perdidamente de las dos canciones de Pierre van Dormael, hermano del director, Undercover y Mr. Nobody, pero todo es muy bueno y no se sale de tono nunca. La música supo ser amable con las escenas y mezclarse, sin olvidarse de generar ésa cachetadita en la cara que sólo ella puede lograr.
¿Qué más puedo decir? Ésta se va bien arriba a mi lista de favoritos, hágale un favor al mundo y véasela.
P.S. El hecho de que lo diga sin ningún miedo de equivocarme no significa que no lo pueda estar.
viernes, 25 de febrero de 2011
Stranger than fiction
With every awkward strum, Harold Crick became stronger in who he was, what he wanted, and why he was alive. Harold no longer ate alone, he no longer counted brush strokes, he no longer wore neckties, and therefore he no longer worried about the time it took to put them on. He no longer counted his steps to the bus stop, instead, Harold did that which had terrified him before. That which had eluded him monday through friday for so many years, that which the unrelenting lyrics of numerous punk-rock songs told him to do.
Harold Crick lived his life.
Harold Crick lived his life.
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